Durante décadas, gran parte de las experiencias de las personas LGBTIQ+ quedaron fuera de censos, encuestas, registros administrativos y conversaciones públicas. Lo que no se registra rara vez se comprende y aquello que no se comprende difícilmente se convierte en prioridad para quienes toman decisiones. Frente a esa ausencia, distintas comunidades, organizaciones y activistas de América Latina han comenzado a producir sus propios datos para documentar realidades, construir memoria y fortalecer procesos de incidencia colectiva.
Desde la región, distintas iniciativas están utilizando datos, cartografías, documentación comunitaria y tecnologías digitales para visibilizar realidades históricamente marginadas, fortalecer procesos de participación política y construir evidencia que contribuya a la defensa de derechos humanos.
Así, este recuento de tácticas dateras reúne una serie de esfuerzos que comparten una visión común: los datos también pueden ser una herramienta para existir, resistir y transformar nuestros territorios.
Producir datos para nombrar lo que antes no se contaba
Uno de los principales desafíos para comprender las desigualdades que enfrentan las personas LGBTIQ+ radica en una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué ocurre cuando una población no aparece en los datos? La ausencia de información implica limitaciones para comprenderlas, documentarlas y convertirlas en evidencia útil para la toma de decisiones.
Durante décadas, gran parte de las diversidades permanecieron fuera de censos, encuestas y registros oficiales. Como consecuencia, muchas problemáticas relacionadas con discriminación, acceso a derechos, condiciones de vida, participación política o bienestar comunitario quedaron invisibilizadas dentro de las estadísticas públicas. Sin datos, resulta más difícil dimensionar desigualdades, diseñar políticas públicas y generar mecanismos de atención que respondan a necesidades específicas.
Frente a este escenario, distintas organizaciones y comunidades han impulsado estrategias propias para producir información desde sus territorios y experiencias.
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Una de estas iniciativas es Censo Diversidad (Argentina). Dicho proyecto promueve ejercicios de recolección de información construidos desde las propias comunidades. Mediante mecanismos participativos, el proyecto busca documentar condiciones de vida, acceso a servicios, experiencias de discriminación, redes de apoyo y distintas dimensiones que suelen permanecer ausentes dentro de los sistemas estadísticos tradicionales.
La relevancia de este tipo de esfuerzos radica en que permiten que las propias comunidades participen activamente en la producción de conocimiento sobre sus realidades. En lugar de ser únicamente objeto de estudio, las personas se convierten en protagonistas del proceso de generación de evidencia, contribuyendo a definir qué información resulta relevante y cuáles son las preguntas que necesitan ser respondidas.
#Ecuador | ⚽🏟️ Más allá de las canchas… 🏳️⚧️📊 Datear también es una forma de existir 📊🏳️🌈 👩🏽💻 Explora #CuirData, donde encontrarás… 📈 Datos sobre diversidad y género 🌎 Evidencia #LGBTIQ+ desde #LATAM ✊ Info. para persistir, resistir e incidir ➡️ https://t.co/mRVcf6iLdz pic.twitter.com/iDusJtATZA — Escuela de Datos (@EscuelaDeDatos) June 14, 2026
Bajo una lógica complementaria, Cuir Data (Ecuador) reúne, organiza y sistematiza información relacionada con diversidad sexual y de género en América Latina. Su trabajo facilita el acceso a datos dispersos y contribuye a fortalecer la disponibilidad de evidencia para investigación, activismo, periodismo e incidencia pública.
Más allá de la recopilación de información, iniciativas como esta permiten construir infraestructura de datos para las diversidades. Al centralizar fuentes, metodologías y recursos, facilitan que organizaciones, investigadoras y activistas puedan comprender mejor las dinámicas que atraviesan a las comunidades LGBTIQ+ en distintos contextos de la región.
Estas experiencias demuestran que producir datos conlleva disputar quiénes aparecen dentro de las estadísticas, qué experiencias son consideradas relevantes y qué historias merecen ser contadas. En ese sentido, generar evidencia se convierte en una forma de reconocimiento colectivo, visibilidad política y construcción de derechos.
Cartografiar para visibilizar condiciones de vida y violencia de género desde los territorios
Si producir datos permite nombrar realidades históricamente ausentes, la cartografía facilita comprender dónde ocurren, cómo se distribuyen y qué relación guardan con los territorios que habitan las personas. Así, los mapas ayudan a identificar patrones, reconocer desigualdades y visibilizar experiencias que muchas veces permanecen dispersas o invisibles dentro de registros institucionales.
En el caso de la población LGBTIQ+, esta dimensión territorial resulta especialmente relevante. Experiencias de discriminación, acceso a derechos, participación comunitaria o construcción de redes de apoyo no se viven de la misma forma en todos los lugares. Por eso, varios factores, como el contexto urbano o rural, dinámicas comunitarias, condiciones socioeconómicas o la presencia de organizaciones locales, pueden influir significativamente en las oportunidades y desafíos que enfrentan las personas LGBTIQ+ en su vida cotidiana.
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Desde esta perspectiva, iniciativas como Cartografía de la Diversidad (Argentina) utilizan levantamientos de datos colaborativos para representar condiciones de vida, experiencias comunitarias y formas de presencia LGBTIQ+ en distintas localidades de Mar de la Plata. Más allá de ubicar información sobre un mapa, este proyecto busca construir una lectura territorial de la diversidad, permitiendo explorar cómo determinados factores sociales y espaciales influyen en la vida de las personas y comunidades.
Además, la cartografía puede desempeñar un papel fundamental en la documentación y denuncia de violencias. Mientras algunos mapas permiten comprender condiciones de vida o procesos de inclusión, otros buscan registrar aquello que históricamente ha sido silenciado.
Bajo esa lógica, surge el Mapa de Lesbofeminicidios y Lesbocidios en América Latina, iniciativa impulsada por Vanessa Quintana (México). Este reúne información sobre asesinatos de mujeres lesbianas en distintos países de la región. Mediante registros dispersos, notas periodísticas, documentación comunitaria y seguimiento de casos, este proyecto construye una herramienta regional de memoria, denuncia y visibilización.
En contextos donde muchas violencias permanecen subregistradas o carecen de mecanismos oficiales adecuados de documentación, este tipo de esfuerzos comunitarios contribuyen a construir evidencia indispensable para comprender la problemática y exigir respuestas institucionales. Sobre esa base, el ejercicio cartográfico se convierte también en una forma de memoria colectiva y resistencia frente a la invisibilización.
📍 el día de hoy presenté el primer mapa de lesbofeminicidios/lesbocidios en América Latina. deseo que nadie olvide a las mujeres lesbianas de esta región que sea un mapa que sea parte de la memoria les dejo el mapa en línea para que revisen los casoshttps://t.co/nWch9I87ZT pic.twitter.com/wGbpDWrHbY — Vane ⚢︎ (@_geoLes) April 14, 2026
Los mapas pueden ser mucho más que herramientas de orientación geográfica. También funcionan como dispositivos para producir conocimiento, preservar memorias y fortalecer procesos de visibilización colectiva. Al territorializar los datos, permiten comprender cómo las desigualdades se distribuyen en el espacio, cómo afectan de manera diferenciada a distintas comunidades y cómo pueden convertirse en insumos para la acción colectiva y la defensa de derechos.
De esta forma, mapear implica reconocer quiénes los habitan, qué experiencias permanecen invisibilizadas y qué historias necesitan ser contadas para construir sociedades más diversas, incluyentes y justas en América Latina.
Memoria y documentación para construir justicia
Los datos también desempeñan un papel fundamental en la construcción de memoria colectiva y procesos de verdad, justicia y reparación impulsados por comunidades históricamente marginadas.
Cuando determinados grupos sociales permanecen ausentes de los registros oficiales, se vuelve más complejo reconstruir las historias, experiencias y violencias que han marcado sus trayectorias a lo largo del tiempo. Por eso, documentar constituye una práctica fundamental para preservar memorias, reconocer afectaciones y fortalecer procesos de exigibilidad de derechos.
Desde esta perspectiva, la publicación “Construir memoria con datos”, elaborada por Colombia Diversa. Esta es una reflexión sobre los desafíos que implica documentar procesos de verdad, justicia y reparación relacionados con las experiencias de personas LGBTIQ+, donde se invita a preguntarse qué información existe, quién la produce, cuáles son sus limitaciones y qué silencios continúan presentes dentro de los registros disponibles.
Además, esta publicación recuerda que la ausencia de datos también puede convertirse en una forma de exclusión. Cuando determinadas experiencias no son documentadas, resulta más difícil reconocer afectaciones, dimensionar violencias y sostener procesos de memoria que permitan evitar su repetición.
Complementario a eso, la memoria también puede surgir desde formatos creativos, pedagógicos y participativos que permitan acercar estas historias a nuevas audiencias. En esa línea se encuentra Trans-poderoses. Esta experiencia lúdica e interactiva liderada por Sentiido (Colombia) recupera historias, saberes y luchas de personas trans en América Latina mediante un juego de cartas digital. A través de personajes, relatos y dinámicas participativas, la iniciativa contribuye a preservar referentes comunitarios y fortalecer conversaciones sobre diversidad, derechos humanos e identidad.
Esta propuesta demuestra cómo la memoria puede construirse desde la tecnología, el juego y la cultura digital. Al hacerlo, amplía las formas tradicionales de documentar experiencias y acerca estas historias a nuevas generaciones de personas interesadas en conocer y comprender las luchas de las comunidades trans en la región.
Ambos casos muestran que la evidencia puede convertirse en una herramienta para disputar olvidos, preservar historias y fortalecer procesos de reconocimiento colectivo. Ya sea mediante investigaciones, archivos, plataformas digitales o experiencias interactivas, la documentación permite construir puentes entre pasado, presente y futuro para sostener memorias que continúan siendo fundamentales en la defensa de los derechos humanos.
Datos para participar e incidir desde la diversidad
Aparte de documentar el pasado y comprender el presente, los datos también pueden convertirse en herramientas para ampliar la participación política y fortalecer procesos de incidencia pública.
La representación importa. Sin embargo, para comprender quiénes participan, quiénes permanecen excluidos y cuáles son las condiciones que favorecen o limitan dicha participación, resulta necesario contar con información accesible, actualizada y verificable. En ese sentido, la producción y circulación de datos puede contribuir a fortalecer debates democráticos más informados y transparentes.
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Una experiencia destacada en este ámbito es VoteLGBT (Brasil), plataforma que busca visibilizar candidaturas LGBTIQ+ mediante herramientas de consulta pública y sistematización de información electoral. A través de bases de datos y mecanismos de monitoreo, permite identificar liderazgos diversos, analizar tendencias de representación y generar evidencia sobre la participación política de personas históricamente excluidas de los espacios de toma de decisiones.
Más allá de los procesos electorales, este tipo de iniciativas ayudan a comprender quiénes logran acceder a espacios de representación y cuáles son las barreras que continúan limitando una participación más diversa dentro de las democracias latinoamericanas.
Por otro lado, la Base de Datos de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA por sus siglas en inglés) constituye uno de los repositorios más importantes a escala global sobre diversidad sexual y de género. La plataforma reúne legislación, resoluciones, mecanismos de incidencia, organismos de derechos humanos, investigaciones y noticias relacionadas con derechos LGBTIQ+ en distintos países del mundo.
Su importancia radica en que permite monitorear avances, identificar retrocesos y comparar marcos normativos entre distintos contextos nacionales. Gracias a esta información, activistas, periodistas, organizaciones y personas investigadoras pueden contar con insumos sólidos para sustentar procesos de incidencia y seguimiento de políticas públicas.
Así, los datos también pueden convertirse en recursos estratégicos para participar, exigir rendición de cuentas y fortalecer procesos democráticos. Cuando ciertas comunidades permanecen subrepresentadas en espacios de decisión, los datos pueden ayudar a identificar brechas, visibilizar liderazgos emergentes y generar evidencia para impulsar cambios institucionales.
Finalmente…
Este recorrido demuestra que existen múltiples formas de utilizar los datos para fortalecer la diversidad en América Latina: producir evidencia, mapear territorios, preservar memorias, documentar violencias, monitorear derechos y ampliar la representación política. Aunque sus metodologías son distintas, todas estas iniciativas comparten algo en común: utilizan los datos para visibilizar aquello que históricamente ha sido invisibilizado y para fortalecer comunidades que siguen construyendo futuros más justos e inclusivos desde sus territorios.
Sobre esa base, aunque las formas sean diferenciadas, todas las iniciativas comparten algo en común: usar los datos para actuar y, al mismo tiempo, abre preguntas e inquietudes que vale la pena sostener, tales como:
- ¿Qué realidades LGBTIQ+ siguen sin registrarse o documentarse adecuadamente?
- ¿Quiénes producen los datos sobre diversidad y para qué fines?
- ¿Cómo pueden los datos contribuir a la memoria colectiva y la defensa de derechos humanos?
- ¿Qué experiencias comunitarias conoces que estén utilizando datos para fortalecer la diversidad?
- ¿Cómo podemos transformar la evidencia en participación e incidencia política?
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Porque, cuando dateamos, existimos. Cuando existimos, participamos. Y, cuando participamos, transformamos.